En el año 2003 -y como parte de nuestro último año en los Scouts- emprendimos con un grupo de amigos una de las aventuras más tocantes de nuestra vida. Una semana. 4 amigos. Muchas historias. Y un sólo camino.

Friday, April 28, 2006

VIII. Saltando el Penitente

Nos despertamos y, por suerte, no llovía más. Ordenamos un poco el vagón de tren, y repartimos las cosas en las mochilas . Ese día Gabriel se volvía a Montevideo, entonces nos dedicamos a darle todas las cosas que nos habíamos dado cuenta que habíamos llevado de forma innecesaria. La garrafa rota, algunos paquetes de yerba, ropa, etc. Todo eso se fue, lo cual nos vino más que bien, porque sin duda alivió el peso de las mochilas.

Salimos del vagón, y después de devolver las llaves al cuidador del Zoo, nos dedicamos a dar una vuelta por ahí. La verdad, medio triste el zoológico. La mejor parte fue cuando un mono le robó el mapa de nuestro próximo recorrido. Sublime: cuando los animales atacan. Igual nos pudimos arreglar.

Este sería otro de los días que partiríamos en parejas. En esta oportunidad caminaríamos Andrés y yo por un lado, y Florencia y Seba por otro. Compramos unas manzanas en un puesto de frutas cerca de ahí, y empezamos a caminar. Andrés y yo salimos primero. Nos despedimos de Gabriel, y arrancamos. Caminamos por todo el centro de Minas, cruzamos el famoso puente, y emprendimos camino. Nuestro destino: el Salto del Penitente.

En un momento salimos de la ruta, y empezamos a caminar por el camino de piedras que lleva al Penitente. Paramos a la sombra de un árbol, y almorzamos unos refuerzos que habíamos hecho durante la mañana. Hicimos unos jugos, y seguimos el camino. Decidimos acortar un poco el camino, y en vez de seguir el camino de tierra, nos metimos por los campos. Craso error: nos embarramos muchísimo.

Después de mucho caminar, y de varias horas bajo el Sol, llegamos al parador del Salto del Penitente. Habíamos llegado ya sin agua, y bastante cansados. Pero para nuestra sorpresa, el parador estaba totalmente cerrado. Si bien estaba recientemente construído, estaba cerrado. Y adentro no tenía nada. Nosotros contábamos con poder dormir dentro, pero rápidamente nos dímos cuenta de que eso no pasaría. Charlamos con el hombre que tiene un quiosco a escasos metros, y nos dijo que imposible dormir dentro, pero en las cercanías no había problema. Así que buscamos el mejor lado para armar la carpa, y nos pusimos manos a la obra. Florencia y Seba aparecieron al rato, y por primera vez en mucho tiempo teníamos tiempo para sentarnos a reflexionar todo lo que habíamos hecho. En el quiosco cambiamos aceite por tabaco, y conseguimos un poco de agua para concinar. Una rica sopa calentita, y al sobre.



0 Comments:

Post a Comment

<< Home