VI. Bajo agua, camino arriba
Llovió toda la noche. Seguramente no hay nada más lindo que dormir con lluvia, pero sin dudas la cosa comienza a resultar incómoda cuando el agua empieza a entrar a la carpa y mojar los sobres. Lo cierto es que llovió muchísimo. Cuando nos levantamos, a eso de las 7 de la mañana, seguía lloviendo. Había entrado un poco de agua en la carpa, pero rápidamente lo habíamos solucionado. Nuestro principal problema ahora era otro: ¿qué hacer? El proyecto de la caminata eran 8 días, y nosotros contabamos con 9 libres, ya que habíamos necesariamente dejado uno por si alguna eventualidad surgía. Y esta podía ser una de ellas. Sin embargo, y después de pensarla un poco, decidimos arrancar a caminar. Por ahora el agua no haría mal (en especial para los que no se habían bañado!)
Armamos todos nuestros bolsos dentro de la carpa, y utilizamos unas bolsas para tapar los sobres de dormir. Pasara lo que pasara, los sobres y una muda de ropa tenían que mantenerse secos. Después de tener todo armado, desarmamos la carpa bajo lluvia. Repartimos las partes de la misma entre todos y, bajo mucha agua, partimos. Paramos en un almacén que hay a la salida del pueblo, para comprar algo para desayunar y saludar. Nuestro próximo destino: El Parque de Ute/Antel.
En determinado momento dejó de llover, y si bien no salió el Sol, podemos decir que la caminata se puso calurosa. Calurosa y pegajosa. Así que paramos al costado del camino para rearmarnos, sacarnos los pilots, y ponernos algo más cómodo. Paramos abajo de un árbol, al costado de un muro que delimitaba un campo enorme. El muro había sido construído piedra por piedra, y sustituía al viejo y querido alambrado. La verdad es que se habían esmerado muchísimo en hacerlo, y estaba realmente prolijo. Estaba, hasta que Andrés decidió sentarse a descansar en él. Una infinidad de piedras se desprendieron, y quedó un boquete! Pusimos las que pudimos, de la mejor forma que podíamos hacerlo. Y después, rápidamente salimos del lugar!
El camino era realmente pesado. Todo en subida, entre las sierras de Minas, verdaderamente cansador. En ese momento confirmamos lo que veníamos pensando desde hace varios días: que las amigas de Agó jamás pudieron hacer esto sin ayuda, o por lo menos cargados como íbamos nosotros (que por otra parte, llevabamos apenas más que lo necesario). Fueron los 20/25 kilómetros más pesados de toda la caminata, y eso se sintió. Cerca de las 5 de la tarde todavía no estábamos ni cerca de nuestro objetivo. Y si no fuera por un camión que se ofreció llevarnos los últimos 7 kilómetros, realmente se nos hubiera complicado.
El camión nos dejó en la entrada del parque. Nos sacamos las mochilas y decidimos ver que haríamos. El Parque es de los trabajadores de Ute y Antel (compañías de Electricidad y de Teléfonos estatales respectivamente), aunque puede entrar todo tipo de público. Florencia y Andrés se quedaron cuidando las mochilas, mientras que Seba y yo ingresamos al parque. Faltaban todavía algunos quilómetros para el centro del parque, y no tenía sentido cargar con todo solo para averiguar cuál era el costo por una noche (o si nos dejaban quedarnos gratis por ser scouts). Lo cierto es que el parque está precioso, pero de barato no tiene nada. No había posibilidades de quedarnos afuera gratis, ni adentro gratis, ni cerca gratis. El único descuento que teníamos eran unos 20 pesos en el pago de Florencia, porque su madre es empleada de Ancel (la compaía de teléfonos celulares de Antel). No parecía muy alentador. Así que volvimos con las malas noticias.
Se hacía tarde y había que resolver el tema. Así que optamos por seguir caminando e intentar llegar a Minas que está a unos pocos kilómetros. Llegamos con lluvia a la ciudad, y armamos la carpa en las afueras, en una especie de parque que hay (que de hecho se encontraba realmente destruído, entre las lluvias y la falta de voluntad para conservarlo). Después de armar un poco todo, avisamos a la policía que estaríamos acampando ahí, y partimos a la ciudad a visitar (y sobre todo, a comer!). Paramos en la plaza de la ciudad de Minas, y mientras empezaba a caer la lluvia nos dedicamos a comer unos chivitos en uno de los bares que hay por ahí. Realmente lo necesitábamos, y quizás hasta lo merecíamos! Terminado esto (la comida, y la lluvia) volvimos a dormir. Mañana también sería un día largo.





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