III. Nuestra partida: Arboletum Lussich
Nos levantamos todos realmente muy temprano, a las 5.30 de la mañana. Nos cargamos las mochilas y los pertrechos, y partimos a Av. Italia y Bolivia. Allí tomaríamos el ómnibus que nos dejaría en Punta Ballena, donde comenzaba nuestro recorrido. Salvo yo -que tengo una capacidad innata para eso- el resto del equipo no pego un ojo durante todo el viaje. Quizás, producto de la emoción de empezar dicha aventura. Lo mío es diferente. En mi caso, la procesión va por dentro.
Nos bajamos en Punta Ballena, y recorrimos un poco antes de empezar el camino, propiamente dicho. Visitamos algunas de las casa que nunca tendremos en Portezuelo, y después de mirar un poco la zona, arrancamos. Nuestro primer paso del día era el Arboleto Lussich. Ingresamos al parque, y explicamos un poco la situación. Sabíamos que lo único que teníamos marcado ese día era el Parque, así que pedimos dejar las mochilas ahí mientras que recorríamos la zona, y el parque. Salimos, y nos dedicamos a visitar el lugar. Básicamente mucho, así como quien dice mucho, no hay. Algunas casas, algún que otro comercio cerrado, y no mucho más. Lo que sí nos llamó la atención fueron una escuela (cerrada, y con Direct Tv) y un Camping que parecía también muy lindo. Solo que cerrado.
A esa altura volvimos al Parque, juntamos nuestras mochilas, y entramos a recorrerlo. Paramos en un mirador que tiene el Arboleto, y ahí almorzamos. Nos sacamos un par de fotos, nos cruzamos con un par de turistas alemanes, y seguimos caminos. Realmente un espectáculo hermoso: un parque enorme, lleno de árboles de las más variadas especies, todo perfectamente cuidado y, a la vez, totalmente natural y agreste.
Iba cayendo la tardecita, y necesitabamos ubicar un lugar para dormir. Vimos que mismo en el parque iba a ser imposible, pero que afuera tampoco había muchas opciones. La escuela y el camping estaban cerrados. Así que caminamos hasta que se terminó el predio del Arboleto, y cruzamos el alambrado, hasta que llegamos a una carretera. Nos costó un poco ubicarnos, pero era la carretera que nos llevaría a nuestro próximo destino: San Carlos.
Sabíamos que está prohibido acampar al costado de la carretera, así que buscamos un lugar más o menos adecuado. Un poco más adelante encontramos una entradita lo suficientemente protegida como para poder poner nuestra carpa. Y antes que nos comieran los mosquitos, estabamos todos adentro durmiendo. Es cierto, no habíamos caminado demasiado (por lo menos avanzado demasiado) pero el día había sido agotador. Una comida fría y al sobre.




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