En el año 2003 -y como parte de nuestro último año en los Scouts- emprendimos con un grupo de amigos una de las aventuras más tocantes de nuestra vida. Una semana. 4 amigos. Muchas historias. Y un sólo camino.

Friday, September 08, 2006

- I. Todo tiene un principio

En el año 2003 -y como parte de nuestro último año en los Scouts- emprendimos con un grupo de amigos una de las aventuras más tocantes de nuestra vida. Una semana. 4 amigos. Muchas historias. Y un sólo camino.

Este blog (como todos, en realidad) está contado de forma cronológica, así que lo ideal para leer el día a día es que vayas al punto I y de ahí en adelante.

Cualquier comentario, duda, sugerencia, o simplemente algún que otro saludo, es más que bienvenido. Y a no desesperar: seguramente este año salga la segunda parte de "la caminata".

Siempre Listo Para Servir

Gracias a Grabriel Budiño, les presentamos esta pequeña presentación del Camino al Interior.


Monday, May 01, 2006

X. Volvé a tu casa cuando quieras...

Como éste era un día en el que, prácticamente no teníamos horarios, nos pudimos despertar bastante tarde. Dormimos mucho, y recuperamos las horas de sueño que habíamos dejado por el camino. Desayunamos muy bien, y después desarmamos el campamento. Aprovechamos que hacía un excelente día de sol para secar todo lo que tenímos más o menos húmedo, y rearmamos las mochilas desde cero. A medida que se acercaba el mediodía, el parque donde habíamos elegido poner la carpa, se entró a llenar de gente. Entre ellos, una pareja de canadienses que se quedaron conversando algún tiempo con nosotros. Les contamos de nuestra pequeña aventura, de quienes éramos, y de porqué lo hacíamos.

Almorzamos, y después de dar una vuelta por el pueblo (sobre todo para agradecer las gestiones en la comisaría y en los almacenes), entendimos que lo mejor era emprender la vuelta a Montevideo. Villa Serrana tiene dos salidas a la carretera (que si mal no recuerdo, es la 11), y en una de ellas se encontraba la parada del ómnibus. Teníamos el dinero más o menos justo para los pasajes, que ya venía calculado desde nuestra salida. Así que caminamos algunos kilómetros hasta la parada, dejamos las mochilas, y nos dedicamos a esperar al ómnibus. Cuando habíamos parado en Minas, habíamos consultado los horarios del bus, así que llegamos con un tiempo de antelación, pero sabiendo que, en algún momento, debía de pasar.

Lo cierto es que en esa carretera no pasaba nada. Ni el tiempo! Nos tiramos un rato al sol. Cuando el calor ya se estaba poniendo insoportable, decidimos tirarnos a la sombrita, a jugar unos partidos de truco. ¿Habíamos perdido el ómnibus? Habíamos llegado mucho rato antes a la parada, así que no podía ser. Nos entramos a preocupar, y decidimos hacer dedo a cualquier camión que pasara para que, por lo menos, nos acercara a Minas. Sin embargo nada. Nos íbamos turnando en hacer dedo, pero no teníamos suerte. Hasta que a lo lejos, vimos la silueta del ómnibus. Era el turno de Seba de "hacer dedo", así que mientras que nos íbamos calzando las mochilas le dijimos que parara al ómnibus. Empezamos a contar el dinero, con las mochilas puestas, listos a subir; cuando Seba en vez de parar al ómnibus, le hizo "dedo". Obviamente el bus no paró, dado que no lleva personas que no paguen.

Los tres nos quedamos mirando a Seba, preguntándole porque, en vez de parar el ómnibus le había hecho dedo, y él decía que lo había parado. Mmm... Todas nuestras esperanzas se empezaban a complicar. No teníamos más dinero que para los pasajes, más comida, ni más días para destinarle a la aventura. Debíamos regresar hoy u hoy a Montevideo. Pero tampoco teníamos muchas opciones. Nos quedamos entonces terminando el partido de truco, para ver si pasaba otro ómnibus. Al rato, de la entrada a Villa Serrana salió un bus totalmente destartalado, que llevaba un cartel del INAME (Instituto Nacional del Menor). Andrés nos preguntó si le hacía dedo...hacé lo que quieras! Le hizo dedo, pero el bus siguió algunos metros sin dar respuesta. Sin embargo, paró como a cien metros de nosotros y empezó a tocar bocina. Nos calzamos las mochilas como podíamos y corrimos hasta ahí. Nos dijeron que ellos iban hasta Piriapolis, y que nos podían llevarnos hasta ahí. Genial! Nos subimos al ómnibus, tiramos las mochilas en el fondo, y nos sentamos en los asientos libres. Conversamos algo con las ñiñas que viajaban, y con las maestras, y después nos dedicamos a escuchar el partido: jugaba Uruguay-Chile por las eliminatorias.

Llegamos a Piriapolis, nos despedimos, y caminamos hasta la terminal de Ómnibus. Ahí compramos los pasajes hacia Montevideo, y compramos algunas porquerías para comer. Nos subimos al ómnibus, y yo caí rendido. La mayor parte del viaje la hice durmiendo, mientras que Seba, Andrés y Flo jugaban al truco de a tres (algo que aprendimos dado que no siempre estábamos todos). Nos bajamos llegando al Shopping de Portones, y empezamos la repartija de las personas. Acompañamos a Flo hasta su casa, después a Seba hasta su casa. Despuçes llame a mis padres para que me vinieran a buscar a lo de Andrés. Y ahí fue terminando toda nuestra aventura.

Sé que todos llegamos, y después de un baño reparador, todos marchamos a la cama. Estábamos muy cansados. Días de caminata, de dormir poco, de comer solamente lo justo, y de ver que los kilómetros no avanzaban más. Todos llegamos con varios kilos menos. Pero más amigos que nunca, habiendo vivido una de las mejores aventuras de nuestras vidas. Quedan, por supuesto, el resto de las etapas por completar del Camino al Interior, que por cuestiones de trabajo no hemos podido coordinar. Pero seguro que vendrán. Porque no solo es un viaje entre amigos, es una convivencia, es un camino recorriendo nuestro país, para conocerlo. Para conocernos.

Siempre Listo Para Servir

"Gaviota Laboriosa"

Saturday, April 29, 2006

IX. El tramo final

Gritos de niños. Gritos y risas por todos lados. Si bien había sido una de las mejores noches para dormir (por el suelo, por el ruido, y por la temperatura ideal), el despertar no había sido el mejor. Unas familias, y un grupo de viaje de unas amigas, se habían juntado en el Parador del Penitente para pasar el día. Y bueno, eso, como no podía ser de otra forma, nos despertó.

De a uno fuimos saliendo de la carpa, y preparamos el desayuno. Después recorrimos toda la zona del Penitente, sacándonos todas las fotos que nos iban quedando en el rollo (seba: cuando quieras revelalo nomás!). Sin duda, una zona hermosa. En la que, por suerte, el hombre todavía no ha marcado demasiado su presencia. Charlamos un poco con la gente que había en el lugar, contándoles un poco nuestro camino, nuestra aventura. Y de paso, les sacamos algunas fotos para que todos pudieran quedar en el recuerdo. Cuando todos se habían ido, dedicamos todas nuestras energías a bañarnos en el río. El agua estaba helada, pero sin duda que venía bien!. Almorzamos, desarmamos campamento, y nos preparamos para nuestra última caminata de toda la aventura. Nos despedimos de la familia del quiosco, no sin antes preguntarle cómo era que hacíamos para continuar el camino.

Y salimos. Ésta parte del camino era la única que, por momentos, no tenía ruta. Teníamos que llegar desde el Salto del Penitente hasta Villa Serrana, y la mayor parte del recorrido era entre los campos de los vecinos, y por las sierras. Así que pidiendo permiso en muchos lugares, y quedándonos charlando con los "gauchos", fuimos avanzando. Éste era el último día de caminata, pero también era un día de caminata por equipos de a dos personas. Sin embargo, los primeros kilómetros decidimos hacerlos todos juntos. Principalmente para molestar solo una vez a los dueños de los campos.

Cuando cruzamos el último alambrado paramos. Reacomodamos las cosas, cargamos agua, y volvimos a chequear nuestro mapa. De ahí en adelante caminaríamos en dos grupos, pero como dijimos no había camino. Teníamos que llegar a Villa Serrana yendo por un camino vecinal por un par de kilómetros, y luego cruzar las sierras. Si bien veíamos (o creíamos ver) a Villa Serrana a lo lejos, el camino no era tan fácil. Nos dividimos los celulares, y partimos. Primero Florencia y Andrés, y 45 minutos después Seba y yo. Eran las 4 de la tarde cuando arrancamos el último tramo de la caminata del día.

Después de caminar por el camino vecinal, nos metimos a cruzar las sierras. Básicamente (para que se imaginen el recorrido) nuestro camino era bastante simple: teníamos que cruzar de un pequeño cerro a otro, por medio de un valle, cruzando por las sierras, hasta llegar a Villa Serrana, que se encontraba en el otro extremo. El principal problema era que no había caminos, y que además el valle que se formaba entre cerro y cerro estaba dividido por un río que tenía varias ramificaciones importantes, por lo que había que elegir bien el camino para no quedar atrapados.

Así que comenzamos la bajada con Seba. Como no había muchos caminos, ni nada que nos indicara por donde ir, cruzamos el alambrado que daba entrada al valle, y arrancamos para abajo. Sin seguir más que nuestro instinto, y la senda que los árboles nos marcaban. Lo cierto es que, en determinado momento, encontramos una especie de senda por la cual, seguramente, transitaban animales bastante seguido. Por lo que, supusimos que era una especie de camino que tenía que llevar hacia Villa Serrana, o por lo menos a salir del valle. Pero...en un momento que seguíamos la senda, nos cruzamos con otra. Y unos metros más adelante, con dos más. Entonces, ¿cuál seguíamos? La verdad, nos daríamos cuenta que ninguno. No importaba cuál seguíamos, siempre terminabamos o cruzando un río, o pegando la vuelta, o en el mismo lugar!. Rápidamente nos perdimos.

Si bien podíamos ver algunas casas a lo lejos, no conseguíamos avanzar demasiado. Cada vez que creíamos avanzar para el lugar correcto, nos encontrábamos con un brazo del río lo suficientemente profundo como para no cruzarlo con las mochilas. Empezaba a caer la tardecita, y con ella el frío. Le habíamos calculado, antes de salir, que todo el valle tendía una distancia de unos 10 kilómetros. Para mí ya habíamos caminado más de 20! Y para peor, seguíamos estando siempre a mitad de camino! Por si fuera poco, el tema del agua empezaba a ser un problema. Por más que había agua cada unos cientos de metros, no era agua potable. Y empezabamos a quedarnos con poca en nuestras cantimploras.

Eran casi las 7 de la tarde, y realmente la veíamos media complicada. Seba estaba muy cansado, y decidió parar a descansar. Yo entendía que era lo peor que podíamos hacer, pero había que evaluar nuestra situación. Tampoco podía arrastrar a Seba por todo el valle. Así que empezamos a ver la posibilidad de pasar la noche ahí. Los dos teníamos sobres de dormir, y además la carpa. Le dije a Seba de seguir, pero me dijo que no podía. Que necesitaba descansar un rato más. Entonces lo dejé con las mochilas, me maqué bien dónde era que estaba, y arranqué a caminar para buscar una salida. Después de como unos 45 minutos de caminata, decidí volver. Y en la vuelta ví una casa a unos cien metros. Caminé hasta ahí, y pregunté como hacíamos para llegar hasta Villa Serrana. Estaba a la vuelta de la esquina. Así que volví con Seba, que seguía tirado sobre unas rocas.

Con ciertas energías renovadas (yo por haber encontrado el camino, y Seba por haber descansado) entramos a Villa Serrana. Lo cierto es que era de noche, y estaba medio complicado encontrar a Andrés y a Flo. Los celulares no funcionaban por encontrarnos entre las sierras. De cualquier forma, habíamos marcado como punto de encuentro, un almacén super conocido por todos. Era, además, el único que conocíamos. Como no podía ser de otra forma, exisitía más de un almacén grande, y los dos equipos esperábamos en dos almacenes diferentes. Villa Serrana no es extremadamente grande ni mucho menos, pero tiene dos problemas a la hora de buscar gente perdida. El primero es que la mayoría de las calles son super largas, y dan a otra calle que es más larga aún, que se bifurca en dos calles más largas todavía; se termina creando una especie de laberinto. El segundo es que muchísimo del terreno de Villa Serrana está aun sin construir, y por lo tanto no tiene luz, lo cual de noche puede ser una complicación.

Después de recorrer bastante del pueblo, con Seba decidimos emprender acciones más osadas. Ya habían pasado las 8 de la noche y no teníamos rastros de Florencia y de Andrés, así que decidimos ir a la comisaría para explicar la situación: teníamos dos amigos que, probablemente estaban perdidos en las sierras. El policía nos explicó que de noche, en las sierras, era imposible buscar a nadie, y que si nuestros amigos estaban perdidos ahí lo mejor iba ser esperar hasta mañana. De cualquier forma se comunicó con la Policía de Minas para reportar el hecho, y llamó a un par de vecinos a ver si habían visto a dos personas con mochilas. Negativo. Le agradecimos, y decidimos salir de la comisaría (que además era su casa) para buscar por la nuestra a Florencia y Andrés. Fue salir de la comisaría, y encontrarnos con estos dos! Al igual que nosotros se habían perdido, y aunque llegaron un poco antes que nosotros, también nos estaban buscando.

Armamos campamento en el parque cerca de la represa que hay en el pueblo. Florencia y yo marchamos en busca de un teléfono público (que como se imaginan no quedaba nada cerca) para llamar a mi padre, porque exisitía la posibilidad que nos pasara a buscar ya que volvía del interior. No tuvimos suerte. Cuando volvimos al campamento, Seba y Andrés estaban ya armando todo para dormir. Cocinamos una sopa, que no llegué a probar: me dormí mucho antes. Comieron, y al igual que yo, se tiraron en los sobres. Estabamos realmente cansados, había sido un día extremadamente largo. Y todavía quedaba la vuelta!.



Friday, April 28, 2006

VIII. Saltando el Penitente

Nos despertamos y, por suerte, no llovía más. Ordenamos un poco el vagón de tren, y repartimos las cosas en las mochilas . Ese día Gabriel se volvía a Montevideo, entonces nos dedicamos a darle todas las cosas que nos habíamos dado cuenta que habíamos llevado de forma innecesaria. La garrafa rota, algunos paquetes de yerba, ropa, etc. Todo eso se fue, lo cual nos vino más que bien, porque sin duda alivió el peso de las mochilas.

Salimos del vagón, y después de devolver las llaves al cuidador del Zoo, nos dedicamos a dar una vuelta por ahí. La verdad, medio triste el zoológico. La mejor parte fue cuando un mono le robó el mapa de nuestro próximo recorrido. Sublime: cuando los animales atacan. Igual nos pudimos arreglar.

Este sería otro de los días que partiríamos en parejas. En esta oportunidad caminaríamos Andrés y yo por un lado, y Florencia y Seba por otro. Compramos unas manzanas en un puesto de frutas cerca de ahí, y empezamos a caminar. Andrés y yo salimos primero. Nos despedimos de Gabriel, y arrancamos. Caminamos por todo el centro de Minas, cruzamos el famoso puente, y emprendimos camino. Nuestro destino: el Salto del Penitente.

En un momento salimos de la ruta, y empezamos a caminar por el camino de piedras que lleva al Penitente. Paramos a la sombra de un árbol, y almorzamos unos refuerzos que habíamos hecho durante la mañana. Hicimos unos jugos, y seguimos el camino. Decidimos acortar un poco el camino, y en vez de seguir el camino de tierra, nos metimos por los campos. Craso error: nos embarramos muchísimo.

Después de mucho caminar, y de varias horas bajo el Sol, llegamos al parador del Salto del Penitente. Habíamos llegado ya sin agua, y bastante cansados. Pero para nuestra sorpresa, el parador estaba totalmente cerrado. Si bien estaba recientemente construído, estaba cerrado. Y adentro no tenía nada. Nosotros contábamos con poder dormir dentro, pero rápidamente nos dímos cuenta de que eso no pasaría. Charlamos con el hombre que tiene un quiosco a escasos metros, y nos dijo que imposible dormir dentro, pero en las cercanías no había problema. Así que buscamos el mejor lado para armar la carpa, y nos pusimos manos a la obra. Florencia y Seba aparecieron al rato, y por primera vez en mucho tiempo teníamos tiempo para sentarnos a reflexionar todo lo que habíamos hecho. En el quiosco cambiamos aceite por tabaco, y conseguimos un poco de agua para concinar. Una rica sopa calentita, y al sobre.



Thursday, April 27, 2006

VII. Entrando a Minas

Había parado de llover ya cuando entrabamos caminando a la ciudad de Minas. Habíamos quedado en juntarnos con nuestro educador, Gabriel Budño, en la plaza de Minas. Llegamos, y literalmente tiramos las mochilas en el piso, y ahí organizamos nuestra expedición para el desayuno: encontrar una panadería y comprar algo para comer. Andrés y yo fuimos los favorecidos.

Cuando llegamos con los bizcochitos (bueno...eran un poco más que unos cuantos bizcochitos) nos encontramos que Gabriel ya había llegado, y había traído consigo algunos alfajores de regalo. Nos sacamos un par de fotos en la plaza, le contamos como había sido la caminata hasta ahí, y comenzamos a organizar nuestro día.

En realidad era un dia bastante simple. Solamente teníamos que cubrir el camino hacia el Cerro de Berdún (*) y luego volver a Minas. Había salido el Sol y la verdad es que empezaba a hacer calor, aunque había algunas nubes en el cielo. Nos sentamos en la terminal de ómnibus donde Gabriel repartió algunas lecturas para el camino. Éste era el día en dónde cada uno de nosotros caminaría solo. Durante el recorrido teníamos, como reflexión aquel poema de Antonio Machado "Caminante no hay camino", que supo inmortalizar luego Serrat.

Nos encontramos todos en la cima del cerro, donde reflexionamos un poco ya en grupo sobre la canción y otras lecturas que Gabriel nos había dado antes de partir. Nos sacamos un par de fotos y volvimos al camino, aunque ahora todos juntos. Pasamos por la cantera que hay enfrente al cerro, que justo en ese momento iba a ser dinamitada (proceso que pasa varias veces al día) por lo que en realidad, tuvimos que cambiar nuestro camino para volver a Minas.

Y ahí comenzó la hecatombe. Las mochilas las habíamos dejado en la Comisaría de Minas (que, como no podía ser de otra forma, estaba cruzando la Plaza), así que cuando volvimos de la caminata, salimos a buscarlas para ponerlas todas en el auto. Ahí Gabriel se dió cuenta que había sido multado por estacionar fuera de horario (**), pero bueno...pese a eso se pagó la merienda. Y comenzó la lluvia. Y nuestra peregrinación en búsqueda de un lugar donde dormir. No podíamos volver a acampar porque primero eramos uno más, segundo el lugar no tenía una entrada para el auto de Gabriel, y tercero el lugar ya estaba lo suficientemente embarrado como para ir a armar la carpa.

Fuimos primero a la Iglesia de Minas. Nos identificamos como Scouts que somos (por supuesto, íbamos de uniforme). Pero se ve que la generocidad del Señor fue suficiente, porque nos dijeron que no. Aunque nos avisaron que, a 20 km de Minas se encontraba el Camping de Arequita (cosa que ya conocíamos y bastante) y que seguramente podíamos acampar ahí. No íbamos a caminar 20 km bajo la lluvia de nuevo. Fuímos entonces a una sede del Frente Amplio que encontramos al pasar, y sinceramente no nos recibieron nada bien. Escuela. Liceo. Hospital. Nada. Todos nos decían que no. Por último fuimos a la Comisaría, que nos derivaron en un Club Policial. Ellos no tenían lugar, pero nos sirvieron de contacto con el responsable de un Grupo Scout. Entrada ya la noche, y con bastante lluvia, terminamos durmiendo en el local de este grupo, que era un vagón de tren ubicado en el Zoológico de Minas. Hay que decir que la solidaridad de Andrés, el Responsable del Grupo, fue magistral.

Dormir en un zoológico no es algo que pase todos los días. Y si ya resultaba medio raro, superó todas nuestras espectativas cuando el cuidador del zoo nos avisó que dos por tres, en la noche, él tiraba algunos disparos al aire con su arma, para asustar a los posibles ladrones. Los días anteriores se habían robado unos animales.

Cuando pensamos que más o menos todo estaba resuelto, y que habíamos solucionado el tema de la vivienda, nos empezamos a preocupar por el tema de la comida. Andrés (el nuestro) era el que llevaba parte de la garrafa. Y en un error garrafal, había perdido la partecita de metal que va ubicada en la cocinilla, que básicamente tiene como función distribuir el gas. Sin eso, no podíamos usar la garrafa, lo que a grandes rasgos quería decir que no podíamos cenar. Y había mucha hambre en el equipo. Habíamos caminado todo el día, y no habíamos comido nada más que unos bizcochos. Sebastián empezó a perder un poco la cordura, e intentó armar de varias garrafas que encontramos en el vagón, una que sirviera. Pero no hubo caso: le dijimos que preferíamos pasar un poco de hambre antes que explotar. Gabriel, en un acto de lucidez, marchó con su auto a comprar algo de comida. Penoso el resultado de su misión: volvió al rato con galletitas y cerveza. Y bueno, no había muchas opciones. Comimos y dormimos. De verdad lo necesitábamos.







* - Por más que el 99.9% de la gente piensa que es Verdún (inclusive la cartelería del lugar lo nombra de esta manera), el verdadero nombre del cerro es Berdun (hay algunos que piensan que hasta termina con "m" en vez de con "n"). Berdun era el apellido de una familia muy importante de Minas, y el Estado le cedió las tierras del cerro por determinados servicios que había prestado. De hecho, el nombre correcto sería Cerro de Berdun y no del Berdun. Verdún, es el territorio donde se libró una violenta batalla que dejó un número importante de muertos durante la Primera Guerra Mundial. Poco tiene que ver con nuestro cerro.

** - Gabriel fue multado por estacionar fuera del Horario de Invierno. Según los carteles indicadores, existe en Minas un Horario de Verano y un Horario de Invierno. ¿Cuál es ese horario? y ¿cuándo termina uno y comienza el otro? es un misterio. Pero bueno...la ley es la ley.

Saturday, April 22, 2006

VI. Bajo agua, camino arriba

Llovió toda la noche. Seguramente no hay nada más lindo que dormir con lluvia, pero sin dudas la cosa comienza a resultar incómoda cuando el agua empieza a entrar a la carpa y mojar los sobres. Lo cierto es que llovió muchísimo. Cuando nos levantamos, a eso de las 7 de la mañana, seguía lloviendo. Había entrado un poco de agua en la carpa, pero rápidamente lo habíamos solucionado. Nuestro principal problema ahora era otro: ¿qué hacer? El proyecto de la caminata eran 8 días, y nosotros contabamos con 9 libres, ya que habíamos necesariamente dejado uno por si alguna eventualidad surgía. Y esta podía ser una de ellas. Sin embargo, y después de pensarla un poco, decidimos arrancar a caminar. Por ahora el agua no haría mal (en especial para los que no se habían bañado!)

Armamos todos nuestros bolsos dentro de la carpa, y utilizamos unas bolsas para tapar los sobres de dormir. Pasara lo que pasara, los sobres y una muda de ropa tenían que mantenerse secos. Después de tener todo armado, desarmamos la carpa bajo lluvia. Repartimos las partes de la misma entre todos y, bajo mucha agua, partimos. Paramos en un almacén que hay a la salida del pueblo, para comprar algo para desayunar y saludar. Nuestro próximo destino: El Parque de Ute/Antel.

En determinado momento dejó de llover, y si bien no salió el Sol, podemos decir que la caminata se puso calurosa. Calurosa y pegajosa. Así que paramos al costado del camino para rearmarnos, sacarnos los pilots, y ponernos algo más cómodo. Paramos abajo de un árbol, al costado de un muro que delimitaba un campo enorme. El muro había sido construído piedra por piedra, y sustituía al viejo y querido alambrado. La verdad es que se habían esmerado muchísimo en hacerlo, y estaba realmente prolijo. Estaba, hasta que Andrés decidió sentarse a descansar en él. Una infinidad de piedras se desprendieron, y quedó un boquete! Pusimos las que pudimos, de la mejor forma que podíamos hacerlo. Y después, rápidamente salimos del lugar!

El camino era realmente pesado. Todo en subida, entre las sierras de Minas, verdaderamente cansador. En ese momento confirmamos lo que veníamos pensando desde hace varios días: que las amigas de Agó jamás pudieron hacer esto sin ayuda, o por lo menos cargados como íbamos nosotros (que por otra parte, llevabamos apenas más que lo necesario). Fueron los 20/25 kilómetros más pesados de toda la caminata, y eso se sintió. Cerca de las 5 de la tarde todavía no estábamos ni cerca de nuestro objetivo. Y si no fuera por un camión que se ofreció llevarnos los últimos 7 kilómetros, realmente se nos hubiera complicado.

El camión nos dejó en la entrada del parque. Nos sacamos las mochilas y decidimos ver que haríamos. El Parque es de los trabajadores de Ute y Antel (compañías de Electricidad y de Teléfonos estatales respectivamente), aunque puede entrar todo tipo de público. Florencia y Andrés se quedaron cuidando las mochilas, mientras que Seba y yo ingresamos al parque. Faltaban todavía algunos quilómetros para el centro del parque, y no tenía sentido cargar con todo solo para averiguar cuál era el costo por una noche (o si nos dejaban quedarnos gratis por ser scouts). Lo cierto es que el parque está precioso, pero de barato no tiene nada. No había posibilidades de quedarnos afuera gratis, ni adentro gratis, ni cerca gratis. El único descuento que teníamos eran unos 20 pesos en el pago de Florencia, porque su madre es empleada de Ancel (la compaía de teléfonos celulares de Antel). No parecía muy alentador. Así que volvimos con las malas noticias.

Se hacía tarde y había que resolver el tema. Así que optamos por seguir caminando e intentar llegar a Minas que está a unos pocos kilómetros. Llegamos con lluvia a la ciudad, y armamos la carpa en las afueras, en una especie de parque que hay (que de hecho se encontraba realmente destruído, entre las lluvias y la falta de voluntad para conservarlo). Después de armar un poco todo, avisamos a la policía que estaríamos acampando ahí, y partimos a la ciudad a visitar (y sobre todo, a comer!). Paramos en la plaza de la ciudad de Minas, y mientras empezaba a caer la lluvia nos dedicamos a comer unos chivitos en uno de los bares que hay por ahí. Realmente lo necesitábamos, y quizás hasta lo merecíamos! Terminado esto (la comida, y la lluvia) volvimos a dormir. Mañana también sería un día largo.

Monday, April 17, 2006

V. De San Carlos a Pueblo Edén

Nos levantamos a eso de las 7 de la mañana, y desarmamos el campamento. En el parque no había nadie, pero habían rastros de que aquella noche había sido agitada: botellas por todos lados. Fuimos a la Comisaría, a saludar y sobre todo a decir que nos íbamos. Y arrancamos a caminar. Nuestro destino: Pueblo Edén.

Cruzamos todo San Carlos en busca de una Panadería, para poder desayunar, y nos detuvimos todos en la otra punta de la ciudad. Ahí desayunamos, y nos preparamos para nuestro día. Armamos el almuerzo que consistía en unos refuerzos y fruta de postre, y nos dividmos en equipos: Flo y yo por un lado, y Andrés y Seba por otro. Eran ya como las 9 de la mañana de un lunes, y la ciudad empezaba a tener bastante movimiento, así que partimos. Primero Florencia y yo, y una media hora después saldrían Andrés y Seba.

Un día precioso, y con mucho calor nos esperaba. Así que arrancamos la caminata. La mayor parte de este tramo era por la ruta, así que tuvimos bastante cuidado (sobre todo de no ser pisado por ningún auto!). Y acá empezamos a ver los primeros problemas de largas caminatas en la ruta: la falta de abastecimiento de agua! El calor, y sobre todo la caminata, no eran buenos amigos a la hora de reponer líquido. Y dejado ya San Carlos, se hacía difícil encontrar lugares donde poder cargar nuestras cantimploras.

Sobre el mediodía nos tiramos bajo un árbol al costado de la carretera a descanzar, y a comer algo. Sinceramente entre el cansancio y el calor, el almuerzo se hizo complicado. Pero igual sabíamos que era necesario reponer algunas energías. Por supuesto, y como no podía ser de otra forma, también encontramos otra forma de reponer energías: durmiendo! Ahh...nada como una buena siestita a la sombra de un árbol en el medio de la nada (literalmente hablando).

Cuando nos despertamos nos dimos cuenta de que el asunto de la comunicación por celular no servía de mucho: era imposible comunicarse con el otro equipo para ver en dónde andaban, y si tenían agua y esas cosas. Sobre todo -y esta era la parte crucial- debíamos avisarles que debían tomar un giro a la izquierda (que no lo teníamos ni en nuestros planes, ni en nuestros mapas!). Decidimos dejarlo a la suerte...y parece que funcionó :) Volvimos a empezar a caminar, y esta vez costaba mucho más. Es notoriamente más difícil parar y volver a arrancar la caminata, sobre todo después de una siestita. En vista de que nuestros celulares no funcionaban, decidimos emplear otro método de comunicación: en cada poste de la carretera íbamos dejando cartelítos al otro equipo.

Eran las 5 de la tarde (más o menos) cuando llegamos al camino que nos separaba de la ruta, y que nos llevaría a Pueblo Edén. Cargamos agua en una casa que había (y supongo que todavía está ahí) en la esquina, y volvímos a emprender el camino: está vez por un camino de balastro. No habíamos caminado unos 500 metros, cuando una camioneta que por ahí pasaba nos ofreció llevarnos. Y bueno...no pudimos decirle que no! Nos acercó bastante, pero no nos llevó hasta el pueblo.

Llegamos a Pueblo Edén a eso de las 6 y 30 de la tarde. Miramos un poco el lugar, y decidimos armar el campamento y pegarnos un baño en el río que por ahí pasaba. Fue lo mejor que podíamos haber hecho! Caía la noche y no teníamos señales ni de Andrés ni de Seba. Intentamos llamarlos a su celular, pero imposible. Entonces intentamos el método de la triangulación: llamamos a Gabriel en Montevideo para que los llamara a ellos, a ver si tenía mejor suerte. Negativo. Nos paramos en los pilares del puente que cruzaba el río a ver si desde una mayor altura podíamos ver a nuestros amigos. Tampoco tuvimos suerte. A eso de las 8 y algo (ya casi de la noche) aparecieron Andrés y Seba, traídos por una camioneta :)

Ellos -obviamente- declinaron el baño. Visitamos un poco el pueblo (pueblo que tiene 54 personas, una escuela, y dos almacenes) y volvimos a nuestro campamentito. Fue entrar a la carpa, y se largó a llover. Ahí quedaron nuestras esperanzas de poder comer algo caliente. Nos dedicamos a repartir lo que había sobrado de nuestros almuerzos, y después al sobre. No hay nada mejor que dormir con lluvia. Si lo habremos experimentado esa noche!