Gritos de niños. Gritos y risas por todos lados. Si bien había sido una de las mejores noches para dormir (por el suelo, por el ruido, y por la temperatura ideal), el despertar no había sido el mejor. Unas familias, y un grupo de viaje de unas amigas, se habían juntado en el Parador del Penitente para pasar el día. Y bueno, eso, como no podía ser de otra forma, nos despertó.
De a uno fuimos saliendo de la carpa, y preparamos el desayuno. Después recorrimos toda la zona del Penitente, sacándonos todas las fotos que nos iban quedando en el rollo (seba: cuando quieras revelalo nomás!). Sin duda, una zona hermosa. En la que, por suerte, el hombre todavía no ha marcado demasiado su presencia. Charlamos un poco con la gente que había en el lugar, contándoles un poco nuestro camino, nuestra aventura. Y de paso, les sacamos algunas fotos para que todos pudieran quedar en el recuerdo. Cuando todos se habían ido, dedicamos todas nuestras energías a bañarnos en el río. El agua estaba helada, pero sin duda que venía bien!. Almorzamos, desarmamos campamento, y nos preparamos para nuestra última caminata de toda la aventura. Nos despedimos de la familia del quiosco, no sin antes preguntarle cómo era que hacíamos para continuar el camino.
Y salimos. Ésta parte del camino era la única que, por momentos, no tenía ruta. Teníamos que llegar desde el Salto del Penitente hasta Villa Serrana, y la mayor parte del recorrido era entre los campos de los vecinos, y por las sierras. Así que pidiendo permiso en muchos lugares, y quedándonos charlando con los "gauchos", fuimos avanzando. Éste era el último día de caminata, pero también era un día de caminata por equipos de a dos personas. Sin embargo, los primeros kilómetros decidimos hacerlos todos juntos. Principalmente para molestar solo una vez a los dueños de los campos.
Cuando cruzamos el último alambrado paramos. Reacomodamos las cosas, cargamos agua, y volvimos a chequear nuestro mapa. De ahí en adelante caminaríamos en dos grupos, pero como dijimos no había camino. Teníamos que llegar a Villa Serrana yendo por un camino vecinal por un par de kilómetros, y luego cruzar las sierras. Si bien veíamos (o creíamos ver) a Villa Serrana a lo lejos, el camino no era tan fácil. Nos dividimos los celulares, y partimos. Primero Florencia y Andrés, y 45 minutos después Seba y yo. Eran las 4 de la tarde cuando arrancamos el último tramo de la caminata del día.
Después de caminar por el camino vecinal, nos metimos a cruzar las sierras. Básicamente (para que se imaginen el recorrido) nuestro camino era bastante simple: teníamos que cruzar de un pequeño cerro a otro, por medio de un valle, cruzando por las sierras, hasta llegar a Villa Serrana, que se encontraba en el otro extremo. El principal problema era que no había caminos, y que además el valle que se formaba entre cerro y cerro estaba dividido por un río que tenía varias ramificaciones importantes, por lo que había que elegir bien el camino para no quedar atrapados.
Así que comenzamos la bajada con Seba. Como no había muchos caminos, ni nada que nos indicara por donde ir, cruzamos el alambrado que daba entrada al valle, y arrancamos para abajo. Sin seguir más que nuestro instinto, y la senda que los árboles nos marcaban. Lo cierto es que, en determinado momento, encontramos una especie de senda por la cual, seguramente, transitaban animales bastante seguido. Por lo que, supusimos que era una especie de camino que tenía que llevar hacia Villa Serrana, o por lo menos a salir del valle. Pero...en un momento que seguíamos la senda, nos cruzamos con otra. Y unos metros más adelante, con dos más. Entonces, ¿cuál seguíamos? La verdad, nos daríamos cuenta que ninguno. No importaba cuál seguíamos, siempre terminabamos o cruzando un río, o pegando la vuelta, o en el mismo lugar!. Rápidamente nos perdimos.
Si bien podíamos ver algunas casas a lo lejos, no conseguíamos avanzar demasiado. Cada vez que creíamos avanzar para el lugar correcto, nos encontrábamos con un brazo del río lo suficientemente profundo como para no cruzarlo con las mochilas. Empezaba a caer la tardecita, y con ella el frío. Le habíamos calculado, antes de salir, que todo el valle tendía una distancia de unos 10 kilómetros. Para mí ya habíamos caminado más de 20! Y para peor, seguíamos estando siempre a mitad de camino! Por si fuera poco, el tema del agua empezaba a ser un problema. Por más que había agua cada unos cientos de metros, no era agua potable. Y empezabamos a quedarnos con poca en nuestras cantimploras.
Eran casi las 7 de la tarde, y realmente la veíamos media complicada. Seba estaba muy cansado, y decidió parar a descansar. Yo entendía que era lo peor que podíamos hacer, pero había que evaluar nuestra situación. Tampoco podía arrastrar a Seba por todo el valle. Así que empezamos a ver la posibilidad de pasar la noche ahí. Los dos teníamos sobres de dormir, y además la carpa. Le dije a Seba de seguir, pero me dijo que no podía. Que necesitaba descansar un rato más. Entonces lo dejé con las mochilas, me maqué bien dónde era que estaba, y arranqué a caminar para buscar una salida. Después de como unos 45 minutos de caminata, decidí volver. Y en la vuelta ví una casa a unos cien metros. Caminé hasta ahí, y pregunté como hacíamos para llegar hasta Villa Serrana. Estaba a la vuelta de la esquina. Así que volví con Seba, que seguía tirado sobre unas rocas.
Con ciertas energías renovadas (yo por haber encontrado el camino, y Seba por haber descansado) entramos a Villa Serrana. Lo cierto es que era de noche, y estaba medio complicado encontrar a Andrés y a Flo. Los celulares no funcionaban por encontrarnos entre las sierras. De cualquier forma, habíamos marcado como punto de encuentro, un almacén super conocido por todos. Era, además, el único que conocíamos. Como no podía ser de otra forma, exisitía más de un almacén grande, y los dos equipos esperábamos en dos almacenes diferentes. Villa Serrana no es extremadamente grande ni mucho menos, pero tiene dos problemas a la hora de buscar gente perdida. El primero es que la mayoría de las calles son super largas, y dan a otra calle que es más larga aún, que se bifurca en dos calles más largas todavía; se termina creando una especie de laberinto. El segundo es que muchísimo del terreno de Villa Serrana está aun sin construir, y por lo tanto no tiene luz, lo cual de noche puede ser una complicación.
Después de recorrer bastante del pueblo, con Seba decidimos emprender acciones más osadas. Ya habían pasado las 8 de la noche y no teníamos rastros de Florencia y de Andrés, así que decidimos ir a la comisaría para explicar la situación: teníamos dos amigos que, probablemente estaban perdidos en las sierras. El policía nos explicó que de noche, en las sierras, era imposible buscar a nadie, y que si nuestros amigos estaban perdidos ahí lo mejor iba ser esperar hasta mañana. De cualquier forma se comunicó con la Policía de Minas para reportar el hecho, y llamó a un par de vecinos a ver si habían visto a dos personas con mochilas. Negativo. Le agradecimos, y decidimos salir de la comisaría (que además era su casa) para buscar por la nuestra a Florencia y Andrés. Fue salir de la comisaría, y encontrarnos con estos dos! Al igual que nosotros se habían perdido, y aunque llegaron un poco antes que nosotros, también nos estaban buscando.
Armamos campamento en el parque cerca de la represa que hay en el pueblo. Florencia y yo marchamos en busca de un teléfono público (que como se imaginan no quedaba nada cerca) para llamar a mi padre, porque exisitía la posibilidad que nos pasara a buscar ya que volvía del interior. No tuvimos suerte. Cuando volvimos al campamento, Seba y Andrés estaban ya armando todo para dormir. Cocinamos una sopa, que no llegué a probar: me dormí mucho antes. Comieron, y al igual que yo, se tiraron en los sobres. Estabamos realmente cansados, había sido un día extremadamente largo. Y todavía quedaba la vuelta!.