IV. Benvenidos a San Carlos!
Nos levantamos apróximadamente a las 8 de la mañana, y mientras unos íbamos desarmando la carpa, otros iban haciendo el desayuno. Comimos, armamos las mochilas, y partimos a nuestro segundo destino. Este día era fundamental, por varias razones. Por un lado, los kilómetros en la caminata se alargaban considerablemente. El primer día habíamos avanzado poco, pero hoy llegamos a hacer más de 25km. Y por otro, la mayor parte del recorrido entre el Arboleto y San Carlos lo hicimos por carretera, porque no existían caminos alternativos que valiera la pena seguir.
Después de algunas horas de caminata, decidimos parar en frente a Solanas a comer. Compramos lo necesario para hacer unos refuerzos en un pequeño super, y nos sentamos a comer. Seba compró un rollo para la cámara (por cierto, era el único que se había acordado de llevar una), y cargamos agua. Esto ya se estaba conviertiendo en un problema: por un lado, el agua era más que necesaria. Los días eran calurosos, y tomábamos mucha agua. Por otro, cargar agua significaba más peso para cada uno (recordemos que un litro equivale a un kilo) y muchas veces eso no era una opción válida. Por último, en la carretera no siempre es fácil conseguir agua. Todos estos factores hacían que cada vez que encontráramos una canilla -o una vecina amable- tuvieramos que decidir cuánta agua cargar y, sobre todo, quién la iba a llevar!
Llegamos al puente que sirve de entrada a San Carlos escuchando la radio. Se jugaba el clásico entre Nacional y Peñarol, y bueno...no nos lo podíamos perder! Íbamos caminando por el puente, para adelante y para atrás, buscando la mejor sintonía que pudieramos en nuestra radio. A penas pasamos el puente (obviamente después que terminó el partido) nos dedicamos a encontrar dos cosas: primero un lugar dónde poder comer algo, y después (sobre todo después!) un lugar dónde pasar la noche. Lo primero lo encontramos fácil, apenas salimos del puente había una especie de almacén. Andrés y yo fuimos los elegidos de ir, mientras que Flo y Seba se quedaron cuidando las mochilas. Compramos todo lo que pudimos: frutas, jugos, algunos bizcochos, y caramelos. Nos dedicamos a comer todo en la puerta. No teníamos muchas más energías!
No sé si es que calculamos medio mal nuestro ritmo, o, como era el primer día de caminata seria, pero llegamos a San Carlos con la noche pisándonos nuestros talones. En las semanas previas antes de salir de caminata, habíamos buscado Grupos Scouts que nos prestaran sus locales (o contactos) para poder pasar la noche. Sin embargo, nos fue imposible encontrar el grupo de San Carlos. Y estábamos ante un problema, porque no teníamos mucho tiempo para encontrar un lugar donde pasar la noche.
Llegamos a una especie de rambla, donde de un lado estaba la ciudad, y del otro un parque (realmente medio oscurito de más). Decidimos parar y ahí sacarnos el peso de las mochilas, y sobre todo ponernos a pensar. Dejamos ahí a Flo, y Andrés, Seba y yo fuimos a la Comisaría para explicar quiénes éramos, y lo que queríamos hacer. Nos dijeron que acampáramos en ese parque, y que ellos iban a poner una guardia toda la noche.
Volvimos, armamos la carpa lo más escondida posible de todo el que pudiera pasar por ahí, y nos dedicamos a cocinar unos fideos que estaban espectaculares. Cenamos, y lentamente nos fuimos yendo a los sobres. Realmente estábamos cansados puesto que habíamos caminado bastante. Y aunque por el parque pasaba gente que -realmente- daba miedo, nada nos impidió dormir verdaderamente bien. Había que descanzar los pies, los hombros, el cuerpo en general. Y no había mucho tiempo.





0 Comments:
Post a Comment
<< Home